Con un Santiago Bernabéu más conciliador, el 6-1 devuelve la autoridad al equipo blanco

El equipo firmó una noche redonda en su estreno en la Champions League con Arbeloa como entrenador, goleando al Mónaco por 6-1 en un Santiago Bernabéu mucho más conciliador que en el partido anterior.La grada acompañó al equipo con mayor apoyo, reduciendo notablemente los pitos tanto al conjunto blanco como a Vinícius Jr., que fue decisivo y acabó ovacionado. Mbappé abrió el camino muy pronto y Mastantuono dejó huella en una actuación dominadora y ambiciosa de principio a fin. Dio la sensación de que el conjunto blanco necesitó vivir los silbidos del partido anterior para reaccionar, recuperar el pulso competitivo y volver a jugar al fútbol con la autoridad que se le exige.
Desde el primer minuto, el conjunto blanco salió a mandar. Apenas habían pasado cinco minutos cuando Mbappé, con pasado en el Mónaco, abrió el marcador y encendió a un Bernabéu que esta vez acompañó más de lo que castigó. Vinícius Jr. volvió a estar en el foco: tras una acción que rozó el gol, recibió algunos pitos aislados, recordatorio de que la paciencia en Chamartín es limitada y que el crédito se gana cada noche.
El Real Madrid impuso ritmo, posesión y profundidad, acumulando ocasiones ante un Mónaco superado que hasta el minuto 15 apenas existió en el partido. Camavinga firmó una acción de enorme calidad con un caño que dio continuidad a una jugada colectiva culminada por Vinícius y rematada por Mbappé para el 2-0, un gol que calmó el ambiente y reforzó la sensación de superioridad blanca. Fue una acción que reflejó a un Madrid reconocible, solidario y bien organizado.
La reacción del Mónaco fue mínima. No fue hasta el minuto 41 cuando generó su única ocasión clara de la primera parte, bien resuelta por Courtois.
SEGUNDA PARTE
El descanso llegó con el partido controlado y con el Bernabéu, por primera vez en varios encuentros, más cómodo con lo que veía sobre el césped y recuperando algo más importante que el resultado: su identidad.
La segunda parte confirmó la dinámica. En el minuto 50, Mastantuono hizo el tercero tras un pase medido de Vinícius que le dejó solo ante el portero. El estadio coreó su nombre, síntoma de una grada que exige, pero también reconoce. Cuatro minutos después, el golpe definitivo llegó con el gol en propia puerta de Kehrer, que puso el 4-0 y dejó el choque sentenciado.
El Mónaco necesitaba cambios y un milagro, pero el Madrid no aflojó. Siguió atacando y defendiendo con orden, mientras la grada volvía a mostrar su versión más cruda con una sonora pitada a Ansu Fati al abandonar el campo. En el minuto 63, Vinícius encontró por fin el premio a su insistencia con un golazo por la escuadra. Esta vez no hubo reproches: el Bernabéu pasó del juicio al aplauso, aunque sin olvidar lo ocurrido en el partido anterior.El Madrid, con hambre, mantuvo la presión. El Mónaco logró el gol del honor en el minuto 72 por medio de Teze, sin celebración, conscientes de la distancia real entre ambos equipos.
El cierre llegó en el minuto 81 con un golazo de Bellingham, coronado con una celebración llamativa, simulando el gesto de beber, en una imagen que pareció ir más allá del festejo. El 6-1 final certificó una victoria incontestable y una noche en la que el Real Madrid respondió con fútbol a un Bernabéu que sigue siendo juez, incluso cuando concede una tregua. Ayer dejaron una conclusión clara: cuando el Real Madrid juega al fútbol, se ordena y asume su responsabilidad, vuelve a parecerse al Real Madrid que el Bernabéu exige.


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